Presentación 29Nov

7Dias

Presentación del libro Periferia Negra en el Centro Cultural Pablo Iglesias.

Fecha: 29 Noviembre, 19h30 (por confirmar)
Dirección: Paseo de la Chopera, 59, 28100, Alcobendas, Madrid

Reseña: Revista SieteDias.

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Cata Demencia + Presentación

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Cuando: miércoles, 13 de noviembre de 2013
Hora: 20:00 – 22:00

Dónde
VINATICO, c/Manuel de Falla 50, Alcobendas

Vinos y libros. ¡Qué mejor combinación!. El excelente elaborar de vinos del Bierzo Nacho León vendrá a probar con nosotros su afamado Demencia, los Pyjama y un nuevo invitado. Además os presentaré y firmaré, si lo deseáis, mi libro de cuentos Periferia Negra (Ed Falsaria Comunidad). Toda la información en la web de Vinático y en sergio@vinatico.es.

Reservas en sergio@vinatico.es

Reseñas: “Fragmentos de modernidad”, Falsaria.com

En su breve pero intensa andanada como editorial, Falsaria ha publicado su segundo libro y el primero del talentoso Luis Arribas SandonísPeriferia Negra. Once relatos de vidas que nacen en un blog y ahora maduran en papel, cargados de significación sobre los aspectos más destructivos de la modernidad urbana, producto, como dice el propio autor, de un crecimiento personal algo amargo. En relación a este acontecimiento magnífico, queremos compartir con todos los escritores/lectores de Falsaria una entrevista que va más allá del libro y la literatura… Os presentamos a Luis Arribas Sandonís, el “bloguero” terrible de la literatura española.

¿Qué es Periferia Negra?

Una prueba. Es parte de un proceso de desahogo, un grito artístico. Para algunos será mi lado más negro o ácido. Lo cierto es que he reunido fragmentos que podían haber ido vagando por concursos literarios o haber sido borrados. No me tocaba ponerme a escribir ficción negra porque la vida en general me trata muy bien. Pero ha salido así. Es posible que sea la consecuencia de un crecimiento personal algo amargo. Y se ha cruzado Falsaria por medio, con lo que todo tiene un final de cuento.

¿Por qué la periferia? ¿Qué hay allí?

La veo más cercana. Al escribir me venían a la cabeza historias de gente apartada de los lugares de decisión, del poder. Por la calle veo frecuentemente historias de pérdidas. En la periferia no hay cosas. El dinero se las ha llevado o ha intentado parchearlas.

Existe también una periferia de las personas. Como si el descuido o el final de la esperanza fueran tomando posesión de la gente. En la periferia perdí el tiempo y elegí  de joven algunas cosas sin mucha idea. Creo que me he sentido centrifugado de momentos clave. Mi salida por los bordes me llevó a otra periferia en otros países. Miré atrás y empecé a escribir.

Según Marc Augé existen espacios denominados no-lugares (una autopista, una habitación de hotel, un aeropuerto, un supermercado). ¿Crees que esta definición se puede aplicar, aun con miedo de exagerar, a la evolución de suburbios desangelados como legado del boom del ladrillo…?

Los no-lugares de la sociología urbana querían ser lugares seguros por los que cualquiera pudiese transitar de un lado a otro, acudir a comprar o a pasar el rato sin pensar. ¿No es espantoso? Le quitan la vida a los lugares. Es tremendo que la arquitectura haya fotocopiado sitios donde la gente también puede vivir sin pensar. Además, ser desangelado no quiere necesariamente decir que sea miserable. El vacío de vida se puede dar en una interminable acera en un lujoso sector de vivienda residencial. Eso me da más pavor que una plaza llena de tipos mirando si dejo el coche abierto.

No creo que haya un lugar abyecto. Lo pavoroso son sus habitantes o los usuarios de ese espacio. O al malnacido que aplicó un teorema epistemológico a su proyecto de plaza y nos dejó una cagada inhumana. O al director de marketing de una corporación que llena las azoteas de chirriantes letras eme amarillas. Quizá a esa gente la podíamos llamar no-personas. Son quienes aburren un parque con sus pipas, los que alfombran de chatarra una avenida con sus coches, o llenan de losa granítica mortuoria una explanada. Esos tipos me dan la excusa perfecta para escribir de sitios machacados.

En relación a eso, al leer los cuentos que componen Periferia Negra, uno tiene la sensación de que te empeñas en ponerle historias (digamos: vidas) a lugares que parecen no tenerlas (una maratón de “Veinticuatro horas” interminable, una “Bahía tapiada” y muerta, la monotonía de una familia ibérica, etc.) ¿Cómo se compone ese realismo sin caer en el costumbrismos o en el cliché?

El cliché es horrible, pero lo usamos a diario para criticar, simplificar diagnósticos o rechazar a otras personas. Una cosa es exprimir detalles y otra tirar por lo fácil y parodiar los detalles que más destacan. Por el cliché me pedían el pasaporte en los trenes suizos. El cliché costumbrista hace que los españoles berreemos mientras deglutimos una paella en un bar. Lo que intento en mis cuentos es abrir bien los ojos y parar. Relatar despacio. Me fastidia porque es un mecanismo del que huye el cuento corto.

Nos han enseñado a eliminar lo superficial de una historia breve. Pero ¿no es eso una simplificación? ¿No asumimos demasiado rápido lo gris de una plaza, una barbacoa futbolera, una acera con cien coches en línea o un matrimonio? Ya digo que hay que buscar al que está detrás o al mando de esa impresión superficial. Se puede meter a los lugares en la piel de un personaje. Y para eso necesito darle al botón de pausa del mando a distancia.

¿Sería, entonces, demasiado si defino Periferia Negra como una especie de radiografía, a lo Chirbes, de este momento en España?

Volvemos a lo de las periferias. ¿Qué culpa tiene un espacio de ser así? Lo malo se lo imponen los seres humanos. Desde el que los diseñó desde su estudio hasta quien lo pervierten con su vivir sin alma. Yo me asomo a las historias que encuentro. Por falta de tiempo y de orientación estamos asomándonos constantemente a episodios ya empezados de series, a conversaciones a las que nos enganchamos para luego salir.

La nueva tecnología nos empuja a muros y a publicaciones donde ‘digital’ significa ‘inconexo’. En cualquier caso, no sé hacer radiografías exhaustivas pero siempre supe dibujar bien.

¿Siempre cuentos, jamás novela?

Empecé a escribir tarde y mal. Sin herramientas a lo más que podía aspirar era a un aprendizaje eterno. Me urge contar ya y ahora las cosas que tengo en la cabeza, no puedo dejarlas para cuando tenga setenta años. Vivir entre horarios de trabajo, criar niños, con cien aficiones, me impiden centrarme ocho horas y ser un escritor (o aspirante) de oficio.

La novela me da miedo en todos los sentidos, como escritor y como lector. Y llevo así cuarenta años. No valgo como ejemplo porque soy un lector irregular. Cuando abandoné mi profesión venía de lecturas técnicas, hiladas, deductivas. Me zambullí en el género más fácil de ajustar a mi nueva vida. Recordé que en Secundaria nos obligaron a leer la Antología del Cuento Literario de Díez Rodríguez y conocimos a Poe, Cortázar, Valle-Inclán o Borges. Treinta años después tengo los mismos vicios.

Como lector, comprar ficción de pequeño formato me da tranquilidad. Sé que un autor podrá defraudarme con un cuento pero inmediatamente detrás viene otra oportunidad. En un libro de cuentos sabes que mañana, al iniciar la lectura, hay nuevos mafiosos corruptos, nuevos suicidas y nuevos paisajes.

Cuéntame un poco cómo ha sido el proceso creativo de Periferia Negra hasta su edición.

Un día me lanzaron un reto tras criticar a Murakami: si no me gustaba podía intentar mejorarlo o callarme la boca. Tras una vida entera leyendo pasé al otro lado. Probé durante una temporada con las decenas de concursos de relatos que inundan Internet. Tuvieron la mala idea –según se ha demostrado después- de premiar mis primeras obras y aparecer como finalista en algunas antologías. ¡Novato y finalista! En casa no se lo creían. Me sorprendía tener un porcentaje de éxito así y mi autoestima dictó que cualquier relato podría ser susceptible de formar parte de un manuscrito.

La edición más crítica estuvo protagonizada por mi mujer. He aprendido que no es muy útil dar a leer la obra propia a los amigos. Les ciega la amistad y los fallos de estilo los achacan a su falta de capacidad de entender. No hay mejor señal que tu más ser querido dice de tu cuento “no me preocupa que tengas esto en la cabeza sino que nadie lo va a entender”. Te obliga a salir de tu cabeza y actuar como un lector más. Una vez superado este maravilloso escollo acudí a Falsaria, a quienes conocía por un concurso de microrrelatos. Ellos ordenaron lo inordenable y aquí estamos.

Tienes dos pasiones: escribir y correr. Lo primero puede que sea, como dice Gabriel García Márquez, para explicarte a ti mismo lo que es imposible explicar… ¿y lo segundo?

Era un niño con sobrepeso y un padre maestro. Pensó que aquel crío necesitaba la mano dura de ese juego espartano que es correr. Me vino bien en los ochenta en que los hermanos mayores del barrio morían por la heroína.

Ahora ya no sé si corro por pasión o porque las endorfinas del correr alteraron mi desarrollo en la adolescencia. De vez en cuando lo justifico por el lado de la salud, el aire libre y los amigos pero corro casi siempre solo, hago cosas que no son tan sanas subido en unas zapatillas y han inventado las cintas de correr en gimnasio.

Además de escribir para el 20 Minutos sobre temas de correr, trabajas para un laboratorio, eres padre y escribes ficción… ¿hiperactividad?

La hiperactividad es una patología muy seria. Lo mío puede ser un exceso de café o que sencillamente me asquea el estancamiento. Y llevamos millones de años criando a nuestra descendencia. Así que descartemos el dramatismo de “no tengo tiempo de nada”. El deseo irrefrenable de librarse de las cargas diarias puede llevar a un escritor a aniquilar una parte social fundamental. Uno escribe lo que escribe gracias a las cosas que le rodean.

Más allá de las particularidades de cada caso: has estudiado en la universidad, has vivido en Holanda, sabes idiomas, conoces el mundo… pareces ser el prototipo de una generación y sin embargo aquí estás ¿Tan mal nos ha ido?

No estoy seguro de pertenecer a una generación sino a unos expulsados. Mantengo contacto con muchos de la generación de mi infancia. Ninguno ha emigrado por Europa. Dos o tres se defienden con algún idioma y la mayoría no ha salido de su periferia. ¿La generación es la mayoría o el grupo que sabe aportar un distintivo a esa mayoría? Mis antepasados no eran más aventureros por emigrar a Argentina o Alemania. Eran la misma masa con hambre y sin medios de producción propia. Pero sí que se puede hablar de la generación que marchó a América. O de los ‘Gastarbeiters’, que vivían en guetos alrededor de las fábricas alemanas y necesitaban hasta de traductores de la masa.

Por otro lado, es dudoso que a la hornada de mi generación les haya ido bien, lo vemos a diario. Endeudados hasta las orejas. Preocupados por cosas tan antagónicas como su equipo de fútbol, poner barbacoa en la casa o que sus hijos aprendan a toda costa inglés, alemán y chino. Están irremediablemente perdidos aunque son capaces de ir satisfaciendo algunos de sus vicios. Y me gusta escribir sobre ellos.

Pero también sería una cabronada pensar que la fuga de cerebros conduce sí o sí al fracaso. Conocer mundo es imprescindible para cuando regreses a tu aldea. Te da argumentos comparativos. Nos está yendo mal porque nos hemos fiado del capital financiero y de un modo de vida entre inmaterial y de señorito. España no ha sabido asumir su rol de nuevos ricos durante los noventa. Pero no querrás que esta entrevista se vaya de madre hacia la sociología política, ¿no?

¿Quieres agregar algo más?

Es necesario que el mundo sepa que editoriales como Falsaria son las que sostienen esta red de escritores noveles. Se edita y se publica en cantidades descomunales y estoy seguro que se pierde gente interesantísima. Una red social de escritores permite que las obras fluyan, aunque necesitemos tres reencarnaciones para poder leer todo lo que quisiéramos.

Me gustaría que las librerías independientes se surtieran de editoriales como la vuestra. No sé si se está perdiendo una segunda generación de escritores, o una tercera, porque no encuentro tantas ediciones arriesgadas como quisiera. A lo mejor hay un pinche de cocina que le sacaría las tripas a un buen cuento, o docenas de estudiantes con las hormonas alteradas y que nos enseñarían qué es la poesía para las adolescentes. Que no se pierda, que haya muchas Falsarias y que de alguna manera queden plasmadas, en papel o en digital.

Luego ya me quejaré de mi falta de tiempo para poder leerlo todo.

 

Datos del autor

 

  • Nombre: Luis Arribas Sandonís
  • Nacionalidad: España.
  • Profesión: ha estudiado Geografía, Historia, Urbanismo (Madrid y Amsterdam). Periodista, bloguero, escritor.
  • Blog: blogs.20minutos.es/runstorming-spanjaard
  • Autor de diversos cuentos recopilados en antologías como La Veintiocho Sesenta(Boxing Day, publicado por Lucky15); Un Final Feliz según Sarah (Relato Breve 2.0 editado por la Fundación Imprimátur); o Mayor, 36 (Un Cúmulo de Cincustancias, de Ediciones Marlex). Entre sus reconocimientos y premios, destacan el Concurso Literario de Microcrímenes Falsaria o el haber llegado a finalista en premios como “200 microrrelatos On The Road” (Editorial Artgerust) o “200 microrrelatos La Novela Negra” (Editorial Artgerust).

Reseñas: “La periferia es un estado mental” 20Minutos, 8Oct2013

Diario 20Minutos. Libros.
http://www.20minutos.es/noticia/1940596/0/libros-luis-arribas/relatos-periferia-negra/estado-mental-difinicion-urbana/

VERÓNICA VICENTE. 08.10.2013 – 11:34h “La literatura breve es como hacer zapping”. Lo dice el escritor novel y bloguero de 20minutos.es Luis Arribas Sandonís (Barcelona, 1970), autor de los once cuentos —y de tantos otros no publicados— que conforman su primera obra, Periferia Negra (Editorial Falsaria 2013), un conjunto de relatos urbanos con un punto de oscuridad vital en común. Me gusta irrumpir en la acción y después fijarme en las emociones. Y mientras duren, escribiré sobre ellas.

Arribas se decanta por las historias cortas —un “género cómodo” en este mundo sin tiempo— como lector y como escritor, una faceta algo nueva de su vida que comenzó hace un par de años “de forma autodidacta y a base de práctica”.

En sus ratos libres este catalán de nacimiento también corre. “En todas las clases de los ochenta había un chino, un gordo y un orejas, yo era el gordo de la mía y mis padres me apuntaron a atletismo a los diez años en Alcobendas”, cuenta sin una pizca de ironía.

Se define lector voraz, pero en realidad su pasión por calzarse unas zapatillas y narrar durante horas frente a un teclado se unió cuando corriendo el autor empieza a descubrir personajes cuyas vidas merecen ser contadas. Soledad, agravio, familia, sexo, maltrato, suicidio, crimen, hasta ciudadanos de la vida gatuna se esconden tras los párrafos de Periferia Negra. Aunque sus cuentos no habrían acabado publicados negro sobre blanco —y ahora también en ebook— si la joven Editorial Falsaria no hubiese apostado por su talento para hilar palabras. Se trata de un proyecto colectivo que funciona como una red social literaria que conecta autores independientes que escriben en español a ambos lados del Atlántico. El resultado son cien intensas páginas que albergan once píldoras literarias a las orillas de esas zonas urbanizadas que llamamos ciudades.

Trabajar, bloguear, criar, amar, correr, escribir… ¿la literatura para ti es pasión, huida, las dos…?

Puede decirse que mi itinerario vital me ha disparado de una periferia a otra La literatura me la presentaron tarde. Al menos más tarde que otros placeres. Y tuve que entrar por la mitad y con todos los sentidos abiertos. Hay mucho de placer y algo de huida pero de muy poca distancia. Apenas tengo recorrido para unas horas al día. Ahora me han dejado formar parte del grupo de los escritores y tengo que ponerle más pasión. A ver dónde lleva esto. Es posible que sea también una aventura muy bella.

¿Cómo es eso de sostener un libro con tu nombre en la portada?

Soy uno de los que crecimos con las bibliotecas llenas de tomos, fotocopiamos toda nuestra formación y pedimos prestado todo el fondo de armario a las bibliotecas de Madrid. Ver el nombre en el lomo y en portada es un lujo. Ahora toca transmitir esa pasión a los que vienen detrás.

¿Por qué empiezas a escribir?

Escribo ficción desde el momento en que rompí con mi currículum. Ya bastaba de artículos científicos. Internet fue la salvación y con el final de siglo empecé a soltarme. Pronto me dí cuenta que tenía aparcado ese capricho. Ser periodista o escritor. La facilidad de hacer circular los relatos por toda la esfera digital hizo el resto.

¿Cuándo sentiste que tus escritos podían ser editables?

Sentí engordar mi autoestima con el primer concurso de relatos, del que salí finalista. Me vi publicado en una antología muy malditísima de la Editorial Lucky Fifteen y algunos lectores anónimos me dijeron que tenía algo personal escribiendo. Algunos incluso se han convertido en amigos y colegas de generación, como Ernesto Ortega o David Vivancos. Ellos también asintieron cuando les mostré materiales nuevos. Así que las culpas están repartidas.

He leído que te gusta relatar despacio, ¿por qué escribir cuentos y no una novela negra donde quepan más detalles?

No estoy seguro si el ritmo tiene que ver con la longitud de la obra. Y esto es un vicio del que toda la literatura breve se ha impregnado. Me gusta irrumpir en la acción y después fijarme bien en los detalles o las emociones. Mientras duren, escribiré sobre ellas. También me urge contar ya y ahora las cosas que tengo en la cabeza, no puedo dejarlas para no sé cuando y tenga unos meses para dedicarme a ello a tiempo total.

El libro parece una narración de vidas periféricas o de existencias que están a las orillas de no se sabe bien qué…¿tienen tus personajes algo en común que te cautiva para escribir su historia?

Son historias a las que el éxito, el capital financiero o el glamour les ha pillado algo lejos. En este sentido he escrito empujado por la fuerza que tenía ese carácter periférico. Puede parecer que hay amargura o pinceladas de fracaso en algunas vidas. No sabría decir si eso me atrae o es incluso parte de mi juventud. Y es una idiotez, porque no puedo quejarme de nada en la vida.

¿Qué papel ha jugado la periferia en tu vida?

He ido encontrando personajes mientras corría por las madrugadas de barrios del borde de la ciudad. Me he cruzado con historias en mi discurrir por esos sitios. Por suerte o por desgracia, no he podido vivir una temporada en el centro de Nueva York o paseando charlando con Woody Allen por París. Digamos que mi itinerario vital me ha disparado de una periferia a otra.

Pensar en periferia puede llevar a conceptos como suburbio, soledad, tristeza, pobreza, aislamiento, lejanía, paisajes plomizos, silencio… ¿es un error?

Es un cliché. Lo fantástico está en el centro de las ciudades. Menos en los años sesenta, cuando las ciudades norteamericanas se vaciaban y eran un gueto. Pero eso no quiere decir que el centro sea cool y las periferias un sumidero, que estén a las afueras de todo, de manera peyorativa. No hay lugar malo sino habitante con malas intenciones.Si tuviéramos que estirar el concepto, habitante, arquitecto, político o transeúnte.

¿Hay algo común en los bordes de las ciudades del mundo?

Sí. Hay más huecos muertos. En el centro es como si tiramos un papel de cocina sobre un charco: hay una permeabilidad inmediata. Para lo bueno y lo malo. En los bordes de las ciudades me he encontrado unos vacíos que impedían que las ideas y la gente se conectaran. Pueden ser vacíos como un descampado enorme o una autovía que secciona un área, o el vacío de una acera sin tiendas, sin gente paseando y sólo con hileras de coches aparcados. Creo que la periferia es un estado mental, no sólo una definición urbana. Mi relato sobre el centro de la vieja Praga entra y sale constantemente hacia las fronteras de la ciudad pero también de la mente de un personaje.

En los cuentos de Periferia Negra encontramos protagonistas de toda índole, ¿qué hace interesante a un personaje?

Como lector, me llaman más los personajes a los que se les ve el plumero rápidamente. Que no escondan muchos matices. Es posible que todo sea un defecto mío derivado de una carencia general de tiempo. Lo siento, me he criado con el desarrollo de cientos de canales de información de manera simultánea, Internet y las jornadas de cuarenta horas. Como escritor quizá ocurra algo parecido. Si escribo ficción breve me gusta sacar los defectos o virtudes de un personaje a la primera. Antes de que algo más me interrumpa, probablemente.

¿Qué lees estos días?

Tirado al lado de mi cama está El Pibe que Arruinaba las Fotos, de Hernán Casciari. Anoche dejé por el salón de casa Con las Manos en la Mesa, de mi colega de blogs Juan Revenga, el Nutricionista.

¿Nos recomiendas un libro para el otoño?

Algo manejable que se pueda sacar al campo. En otoño deberíamos leer al fresco, para olvidar el calor. Por ejemplo Las Cartas de Groucho.
Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/1940596/0/libros-luis-arribas/relatos-periferia-negra/estado-mental-difinicion-urbana/#xtor=AD-15&xts=467263

Reseñas: “Demasiados porqués” ABC / Cultural 5Oct2013

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Reseña del suplemento Cultural del diario ABC.
Fecha 5 Octubre 2013.

La reseña completa se puede leer en:
http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/cultural/2013/10/05/017.html