Reseñas: “Fragmentos de modernidad”, Falsaria.com

En su breve pero intensa andanada como editorial, Falsaria ha publicado su segundo libro y el primero del talentoso Luis Arribas SandonísPeriferia Negra. Once relatos de vidas que nacen en un blog y ahora maduran en papel, cargados de significación sobre los aspectos más destructivos de la modernidad urbana, producto, como dice el propio autor, de un crecimiento personal algo amargo. En relación a este acontecimiento magnífico, queremos compartir con todos los escritores/lectores de Falsaria una entrevista que va más allá del libro y la literatura… Os presentamos a Luis Arribas Sandonís, el “bloguero” terrible de la literatura española.

¿Qué es Periferia Negra?

Una prueba. Es parte de un proceso de desahogo, un grito artístico. Para algunos será mi lado más negro o ácido. Lo cierto es que he reunido fragmentos que podían haber ido vagando por concursos literarios o haber sido borrados. No me tocaba ponerme a escribir ficción negra porque la vida en general me trata muy bien. Pero ha salido así. Es posible que sea la consecuencia de un crecimiento personal algo amargo. Y se ha cruzado Falsaria por medio, con lo que todo tiene un final de cuento.

¿Por qué la periferia? ¿Qué hay allí?

La veo más cercana. Al escribir me venían a la cabeza historias de gente apartada de los lugares de decisión, del poder. Por la calle veo frecuentemente historias de pérdidas. En la periferia no hay cosas. El dinero se las ha llevado o ha intentado parchearlas.

Existe también una periferia de las personas. Como si el descuido o el final de la esperanza fueran tomando posesión de la gente. En la periferia perdí el tiempo y elegí  de joven algunas cosas sin mucha idea. Creo que me he sentido centrifugado de momentos clave. Mi salida por los bordes me llevó a otra periferia en otros países. Miré atrás y empecé a escribir.

Según Marc Augé existen espacios denominados no-lugares (una autopista, una habitación de hotel, un aeropuerto, un supermercado). ¿Crees que esta definición se puede aplicar, aun con miedo de exagerar, a la evolución de suburbios desangelados como legado del boom del ladrillo…?

Los no-lugares de la sociología urbana querían ser lugares seguros por los que cualquiera pudiese transitar de un lado a otro, acudir a comprar o a pasar el rato sin pensar. ¿No es espantoso? Le quitan la vida a los lugares. Es tremendo que la arquitectura haya fotocopiado sitios donde la gente también puede vivir sin pensar. Además, ser desangelado no quiere necesariamente decir que sea miserable. El vacío de vida se puede dar en una interminable acera en un lujoso sector de vivienda residencial. Eso me da más pavor que una plaza llena de tipos mirando si dejo el coche abierto.

No creo que haya un lugar abyecto. Lo pavoroso son sus habitantes o los usuarios de ese espacio. O al malnacido que aplicó un teorema epistemológico a su proyecto de plaza y nos dejó una cagada inhumana. O al director de marketing de una corporación que llena las azoteas de chirriantes letras eme amarillas. Quizá a esa gente la podíamos llamar no-personas. Son quienes aburren un parque con sus pipas, los que alfombran de chatarra una avenida con sus coches, o llenan de losa granítica mortuoria una explanada. Esos tipos me dan la excusa perfecta para escribir de sitios machacados.

En relación a eso, al leer los cuentos que componen Periferia Negra, uno tiene la sensación de que te empeñas en ponerle historias (digamos: vidas) a lugares que parecen no tenerlas (una maratón de “Veinticuatro horas” interminable, una “Bahía tapiada” y muerta, la monotonía de una familia ibérica, etc.) ¿Cómo se compone ese realismo sin caer en el costumbrismos o en el cliché?

El cliché es horrible, pero lo usamos a diario para criticar, simplificar diagnósticos o rechazar a otras personas. Una cosa es exprimir detalles y otra tirar por lo fácil y parodiar los detalles que más destacan. Por el cliché me pedían el pasaporte en los trenes suizos. El cliché costumbrista hace que los españoles berreemos mientras deglutimos una paella en un bar. Lo que intento en mis cuentos es abrir bien los ojos y parar. Relatar despacio. Me fastidia porque es un mecanismo del que huye el cuento corto.

Nos han enseñado a eliminar lo superficial de una historia breve. Pero ¿no es eso una simplificación? ¿No asumimos demasiado rápido lo gris de una plaza, una barbacoa futbolera, una acera con cien coches en línea o un matrimonio? Ya digo que hay que buscar al que está detrás o al mando de esa impresión superficial. Se puede meter a los lugares en la piel de un personaje. Y para eso necesito darle al botón de pausa del mando a distancia.

¿Sería, entonces, demasiado si defino Periferia Negra como una especie de radiografía, a lo Chirbes, de este momento en España?

Volvemos a lo de las periferias. ¿Qué culpa tiene un espacio de ser así? Lo malo se lo imponen los seres humanos. Desde el que los diseñó desde su estudio hasta quien lo pervierten con su vivir sin alma. Yo me asomo a las historias que encuentro. Por falta de tiempo y de orientación estamos asomándonos constantemente a episodios ya empezados de series, a conversaciones a las que nos enganchamos para luego salir.

La nueva tecnología nos empuja a muros y a publicaciones donde ‘digital’ significa ‘inconexo’. En cualquier caso, no sé hacer radiografías exhaustivas pero siempre supe dibujar bien.

¿Siempre cuentos, jamás novela?

Empecé a escribir tarde y mal. Sin herramientas a lo más que podía aspirar era a un aprendizaje eterno. Me urge contar ya y ahora las cosas que tengo en la cabeza, no puedo dejarlas para cuando tenga setenta años. Vivir entre horarios de trabajo, criar niños, con cien aficiones, me impiden centrarme ocho horas y ser un escritor (o aspirante) de oficio.

La novela me da miedo en todos los sentidos, como escritor y como lector. Y llevo así cuarenta años. No valgo como ejemplo porque soy un lector irregular. Cuando abandoné mi profesión venía de lecturas técnicas, hiladas, deductivas. Me zambullí en el género más fácil de ajustar a mi nueva vida. Recordé que en Secundaria nos obligaron a leer la Antología del Cuento Literario de Díez Rodríguez y conocimos a Poe, Cortázar, Valle-Inclán o Borges. Treinta años después tengo los mismos vicios.

Como lector, comprar ficción de pequeño formato me da tranquilidad. Sé que un autor podrá defraudarme con un cuento pero inmediatamente detrás viene otra oportunidad. En un libro de cuentos sabes que mañana, al iniciar la lectura, hay nuevos mafiosos corruptos, nuevos suicidas y nuevos paisajes.

Cuéntame un poco cómo ha sido el proceso creativo de Periferia Negra hasta su edición.

Un día me lanzaron un reto tras criticar a Murakami: si no me gustaba podía intentar mejorarlo o callarme la boca. Tras una vida entera leyendo pasé al otro lado. Probé durante una temporada con las decenas de concursos de relatos que inundan Internet. Tuvieron la mala idea –según se ha demostrado después- de premiar mis primeras obras y aparecer como finalista en algunas antologías. ¡Novato y finalista! En casa no se lo creían. Me sorprendía tener un porcentaje de éxito así y mi autoestima dictó que cualquier relato podría ser susceptible de formar parte de un manuscrito.

La edición más crítica estuvo protagonizada por mi mujer. He aprendido que no es muy útil dar a leer la obra propia a los amigos. Les ciega la amistad y los fallos de estilo los achacan a su falta de capacidad de entender. No hay mejor señal que tu más ser querido dice de tu cuento “no me preocupa que tengas esto en la cabeza sino que nadie lo va a entender”. Te obliga a salir de tu cabeza y actuar como un lector más. Una vez superado este maravilloso escollo acudí a Falsaria, a quienes conocía por un concurso de microrrelatos. Ellos ordenaron lo inordenable y aquí estamos.

Tienes dos pasiones: escribir y correr. Lo primero puede que sea, como dice Gabriel García Márquez, para explicarte a ti mismo lo que es imposible explicar… ¿y lo segundo?

Era un niño con sobrepeso y un padre maestro. Pensó que aquel crío necesitaba la mano dura de ese juego espartano que es correr. Me vino bien en los ochenta en que los hermanos mayores del barrio morían por la heroína.

Ahora ya no sé si corro por pasión o porque las endorfinas del correr alteraron mi desarrollo en la adolescencia. De vez en cuando lo justifico por el lado de la salud, el aire libre y los amigos pero corro casi siempre solo, hago cosas que no son tan sanas subido en unas zapatillas y han inventado las cintas de correr en gimnasio.

Además de escribir para el 20 Minutos sobre temas de correr, trabajas para un laboratorio, eres padre y escribes ficción… ¿hiperactividad?

La hiperactividad es una patología muy seria. Lo mío puede ser un exceso de café o que sencillamente me asquea el estancamiento. Y llevamos millones de años criando a nuestra descendencia. Así que descartemos el dramatismo de “no tengo tiempo de nada”. El deseo irrefrenable de librarse de las cargas diarias puede llevar a un escritor a aniquilar una parte social fundamental. Uno escribe lo que escribe gracias a las cosas que le rodean.

Más allá de las particularidades de cada caso: has estudiado en la universidad, has vivido en Holanda, sabes idiomas, conoces el mundo… pareces ser el prototipo de una generación y sin embargo aquí estás ¿Tan mal nos ha ido?

No estoy seguro de pertenecer a una generación sino a unos expulsados. Mantengo contacto con muchos de la generación de mi infancia. Ninguno ha emigrado por Europa. Dos o tres se defienden con algún idioma y la mayoría no ha salido de su periferia. ¿La generación es la mayoría o el grupo que sabe aportar un distintivo a esa mayoría? Mis antepasados no eran más aventureros por emigrar a Argentina o Alemania. Eran la misma masa con hambre y sin medios de producción propia. Pero sí que se puede hablar de la generación que marchó a América. O de los ‘Gastarbeiters’, que vivían en guetos alrededor de las fábricas alemanas y necesitaban hasta de traductores de la masa.

Por otro lado, es dudoso que a la hornada de mi generación les haya ido bien, lo vemos a diario. Endeudados hasta las orejas. Preocupados por cosas tan antagónicas como su equipo de fútbol, poner barbacoa en la casa o que sus hijos aprendan a toda costa inglés, alemán y chino. Están irremediablemente perdidos aunque son capaces de ir satisfaciendo algunos de sus vicios. Y me gusta escribir sobre ellos.

Pero también sería una cabronada pensar que la fuga de cerebros conduce sí o sí al fracaso. Conocer mundo es imprescindible para cuando regreses a tu aldea. Te da argumentos comparativos. Nos está yendo mal porque nos hemos fiado del capital financiero y de un modo de vida entre inmaterial y de señorito. España no ha sabido asumir su rol de nuevos ricos durante los noventa. Pero no querrás que esta entrevista se vaya de madre hacia la sociología política, ¿no?

¿Quieres agregar algo más?

Es necesario que el mundo sepa que editoriales como Falsaria son las que sostienen esta red de escritores noveles. Se edita y se publica en cantidades descomunales y estoy seguro que se pierde gente interesantísima. Una red social de escritores permite que las obras fluyan, aunque necesitemos tres reencarnaciones para poder leer todo lo que quisiéramos.

Me gustaría que las librerías independientes se surtieran de editoriales como la vuestra. No sé si se está perdiendo una segunda generación de escritores, o una tercera, porque no encuentro tantas ediciones arriesgadas como quisiera. A lo mejor hay un pinche de cocina que le sacaría las tripas a un buen cuento, o docenas de estudiantes con las hormonas alteradas y que nos enseñarían qué es la poesía para las adolescentes. Que no se pierda, que haya muchas Falsarias y que de alguna manera queden plasmadas, en papel o en digital.

Luego ya me quejaré de mi falta de tiempo para poder leerlo todo.

 

Datos del autor

 

  • Nombre: Luis Arribas Sandonís
  • Nacionalidad: España.
  • Profesión: ha estudiado Geografía, Historia, Urbanismo (Madrid y Amsterdam). Periodista, bloguero, escritor.
  • Blog: blogs.20minutos.es/runstorming-spanjaard
  • Autor de diversos cuentos recopilados en antologías como La Veintiocho Sesenta(Boxing Day, publicado por Lucky15); Un Final Feliz según Sarah (Relato Breve 2.0 editado por la Fundación Imprimátur); o Mayor, 36 (Un Cúmulo de Cincustancias, de Ediciones Marlex). Entre sus reconocimientos y premios, destacan el Concurso Literario de Microcrímenes Falsaria o el haber llegado a finalista en premios como “200 microrrelatos On The Road” (Editorial Artgerust) o “200 microrrelatos La Novela Negra” (Editorial Artgerust).
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